- ¿Qué tal está el café esta mañana?
- Bueno, está pasable, como siempre. - responde una médico sentada en una silla ojeando el periódico.
- En fin, mejor que nada... al menos para mantenerse despierto ante jornadas duras y de muchas horas como esta.
- ¿Tienes planes para el fin de semana?
- No realmente, casi apenas tengo tiempo para pensar en otra cosa que no sea trabajo - sonríe - pero bueno, podemos ir a tomar unas copas después de salir de aquí.
- Me encantaría. - sonríe también.
Justo en ese momento reciben un aviso en su busca. Acaba de llegar una paciente que necesita atención de urgencia.
- ¿Qué ha pasado?, ¿quién es? - pregunta la médico al celador que lleva en la camilla a una chica con los ojos cerrados.
- Han encontrado a esta chica desmayada en su habitación de la residencia en la que vive y han llamado a la ambulancia... el resto es cosa vuestra.
Llevan a la susodicha a una habitación y le empiezan a hacer pruebas pues a primera vista, no parece que haya heridas superficiales. La chica aún no ha abierto los ojos.
Los resultados son normales, las constantes están bien, y los análisis no aportan ningún tipo de pista sobre el hecho de que no se despierte...
Pasan varios días y semanas así antes de probar su último recurso: una nueva prueba casi recién descubierta que puede establecer contacto con los enfermos a través de los sueños y el inconsciente analizando una serie de imágenes que aparecen en una pantalla.
Desesperados ante el fracaso de los demás intentos de averiguar qué le pasaba se disponen a realizar la última prueba. Conectan la máquina y en la pantalla aparece una imagen que les saca de toda duda. "Ya está todo resuelto" se dicen los jóvenes doctores.
Algunos meses depués en la misma sala del principio del relato se produce esta conversación entre los dos mismos protagonistas de antes:
- Sí... pero el caso más extraño fue el de la chica de hace unos meses, ¿verdad?
- Ya, es verdad... sinceramente no hago más que pensar en ella últimamente. - replica la mujer.
- ¿Por? ya sabes cómo van estas cosas.
- Ya lo sé... pero... no sé... nunca había visto un caso tan agudo de la enfermedad crónica "Afán desmedido por caer bien".
- Y tan agudo. Cerró sus ojos y no los quiso volver a abrir hasta que recuperase su autoestima.
- ¿Crees que ahora estará bien?
- Supongo... la enviaron a una casa apartada de todo cerca de Kinsale, en Irlanda. Me imagino que cuando llegue allí abrirá los ojos al verse en el lugar donde siempre quiso estar.
- ¿Y qué me dices de la prueba final? Fue impresionante. Nunca pensé que ella misma nos hablaría desde su inconsciente.
- Gracias a ello pudimos constatar qué le pasaba.
- Sí...
- Bueno... en fin... ¿siguen en pie esas copas que me prometiste? - dice burlón el joven.
- Por supuesto. Nos vemos abajo. - sonríe ella aún con retazos de la cara de la chica postrada en la camilla, y de su cara en la pantalla... al mismo tiempo que se la imaginaba viviendo feliz para el resto de sus días.
