.He aquí un hombre que es capaz de mostrarme su alma sólo con una palabra (o dos), que me hace sumergirme hasta olvidarme de dónde estoy, que me hace ilusionarme con pensar que aún quedan marineros que creen en el amor y besos apasionados bajo la lluvia, que me hace desear ser como las mujeres que pueblan sus páginas y sus pensamientos, que aprecia el misterio de una mirada seguida de un silencio, que sabe plasmar lo que es sentir que quieres que te encuentren.

He aquí el hombre que me ha devuelto la pasión por la lectura.
"(...) Tras añadir eso se quedó callada. Lo miraba de pronto con tanta intensidad que Coy volvió a moverse en la silla, incómodo. Habría dado cuanto tenía -una frase: en realidad no tenía nada- por ser un tipo atractivo, con clase, o al menos con el dinero suficiente para sonreír seguro de sí antes de poner su mano sobre la de ella, protector. Para decirle yo cuidaré de ti, pequeña, a aquella mujer a la que hacía un sólo momento había llamado maldita bruja, y que de pronto volvía a recordarle a la niña pecosa que sonreía entre los brazos de su padre en la foto puesta en un marco (...). Pero Coy sólo era un paria con un saco al hombro y a bordo de un velero que tampoco era el suyo, y estaba tan lejos de ella que ni siquiera podía aspirar a servirle de consuelo, o de última mano que oprimir antes de un hipotético viaje al final de la noche. Por eso sintió una impotencia amarga cuando ella contempló la distancia que separaba sus manos sobre el mantel y sonrió triste, como si lo hiciera a sombras, fantasmas y remordimientos. (...)"